Intervención de bajo impacto que mantiene vivo y conectado el monte

Cada intervención que llevamos adelante parte de una premisa central, que es reducir al máximo el impacto sobre el ambiente. Por eso, nuestro trabajo de enriquecimiento y restauración no contempla desmontes ni extracción de vegetación nativa, sino la incorporación de nuevos ejemplares de algarrobo blanco (que producimos) dentro de la estructura natural del bosque chaqueño en Santiago del Estero.

Las plantaciones se realizan mediante técnicas de enriquecimiento forestal, en fajas abiertas manualmente sobre la vegetación baja. Estos espacios son cuidadosamente distribuidos para integrar los plantines con los árboles y arbustos que ya crecen en el lugar, sin alterar significativamente las condiciones del ecosistema.

Este esquema, desarrollado como parte del Proyecto Tatú, también permite conservar la conectividad del monte. La fauna silvestre puede desplazarse con normalidad por las áreas intervenidas, ya que no se levantan cerramientos ni se generan barreras que afecten sus recorridos habituales. Eso, para nosotros, es importante.

La convivencia con los animales, sin embargo, presenta algunos desafíos durante las primeras etapas de crecimiento de las plantas. A partir del monitoreo permanente, detectamos que ciertos roedores y otros mamíferos pequeños cortaban o dañaban los tallos jóvenes, comprometiendo la supervivencia de algunos ejemplares.

Para reducir esos daños utilizamos protectores fabricados con finas placas de madera. Se colocan alrededor de los plantines y actúan como una barrera física sobre el sector más vulnerable, evitando que los animales alcancen fácilmente el tallo sin representar un obstáculo para su circulación por el monte.

Se trata de una protección puntual y temporal. Los protectores acompañan a cada planta hasta que alcanza un grado de desarrollo y resistencia suficiente para continuar creciendo con menor riesgo.

La estrategia no busca apartar a los animales ni modificar su comportamiento, sino encontrar una forma de convivencia entre el proceso de restauración y las especies que habitan el lugar. De esta manera, protegemos las plantas durante el período en que más lo necesitan y mantenemos el libre desplazamiento de la fauna.

Cada experiencia en el terreno nos permite ajustar el modelo y encontrar soluciones sencillas, adaptadas a las condiciones del bosque. Esta estrategia, nos ayuda a mejorar la supervivencia de los plantines mientras el monte conserva su dinámica.

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